a la portada de El Varapalo

26 Abril, 2008 16:44

Al cumplirse 30 años del ‘Otoño alemán’ recordamos a la banda Baader-Meinhof con la sensación de vértigo que suelen producirnos aquellos que no se resignaron a las grandes derrotas post-68; aquellos que llegaron hasta el borde del abismo y dieron el salto. Los Baader-Meinhof (y otros) cometieron el error que nosotros no nos atrevimos a cometer. Ahora sabemos que hubiera sido un error, pero entonces simplemente no nos atrevimos...

Miembros de la banda Baader-Meinhof (RAF)

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21 Abril, 2008 13:30

Debo al Imanol Bértolo de hace veinte años la primera referencia a este poema. Lo conservo en un libro de la colección Hiperión (1980) en traducción –no lo recordaba- de Javier Marías.

A veces me parece que la versión en español es mejor que el original ¿os parece exagerado pensarlo?

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16 Abril, 2008 02:48

"Puesto que era necesaria una revolución" —escribió Sartre—, "las circunstancias designaron a la juventud para hacerla. Solo la juventud experimentaba suficiente cólera y angustia para emprenderla y tenía suficiente pureza para llevarla a cabo".

Beauvoir, Sartre y el Ché

Más allá de esta posición conviene andarse con pies de plomo. Esto lo comentaba el otro día. Tanto la idea de una revolución política violenta, como la de una dictadura del proletariado hay que ponerlas en cuarentena y lanzarse a pensar algo mejor.

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03 Abril, 2008 21:33

Ha dicho El País con toda claridad que el Ché fue un criminal y un asesino siniestro. Lo dijo el pasado octubre, en un editorial dedicado al 40º aniversario de la muerte del guerrillero. Ese texto, bien explicado y razonado, puede acaso considerarse el auténtico certificado de defunción del Guevara revolucionario, del Guevara trasformador de la historia.

Puede ser duro admitir que nuestro héroe de la juventud era un vulgar asesino; pero El País lo ha puesto muy clarito y con razones de peso, así que vamos viendo que la cosa tiene mala solución...

Ernesto Ché Guevara

Dice El País que “la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta”; y relaciona esa criminal aceptación de la violencia como método (originada en el romanticismo) con “movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas”.

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