a la portada de El Varapalo

26 Febrero, 2009 19:44

Gon (Tanaka)Cuando despertó el dinosaurio, todavía estaba allí aquel animalito improbable que se había materializado ante él, de pronto, poco antes de su siesta. El ser parecía inofensivo pero el gran Saurio le dedicó toda su milenaria fijeza. Era rosado y tembloroso, Saurio nunca había visto nada igual. ¿Sería real o acaso un subproducto de su descomunal ensoñación? Sin saber por qué, Saurio pensó: te llamaré Viernes.

Quizá a causa del interés de Saurio, el cuerpecillo de Viernes comenzó a temblar y a agitarse en lo que parecía un ataque del más vivo terror. Se tapaba la cara, lanzaba agudos chillidos, estiraba de sus diminutos cabellos...

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18 Febrero, 2009 20:29

Después de oir que había recibido tantos premios Goya, me entró curiosidad por ver 'Camino' de Javier Fesser. Estas son algunas notas que se me ocurren pensando en la película:

Solvente realización cinematográfica. No es que sea arte de vanguardia o que vaya a pasar a la historia del séptimo arte, pero es notoria una adecuada resolución de la película como tal: actuación impecable, escenarios, ritmo (excelente), efecto especiales (buenísimo nivel), etc...

Extrema afectividad. Vamos, que reúne todos los elementos para llorar a moco tendido: amor, infancia, enfermedad, injusticia, muerte... La historia es verdaderamente sobrecogedora, muy fuerte emocionalmente. ¿Lo es en exceso? Me resulta difícil decirlo; en todo caso Fesser se hace perdonar: no se trata de un puro regodeo lacrimógeno sino de producir en el espectador un efecto de rebelión contra lo injusto y represivo.

Imagen de 'Camino'

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13 Febrero, 2009 00:28

Ateneo de Madrid, 23 de agosto...

Hoy ha muerto el socio bibliotecario de esta Docta Casa. La asistenta lo ha encontrado esta mañana en su cama, ya sin vida. La noticia me ha causado una honda tristeza, pues este hombre callado y sencillo se ha ocupado de nuestra biblioteca durante los ultimos cuarenta años con una dedicación incansable.

Biblioteca del Ateneo de Madrid

Quién no lo recuerda, con su guardapolvos gris, siempre subido a las estanterías más altas y rebuscando entre los viejos volúmenes... Y sin embargo pocos socios saben -y yo soy uno de esos pocos- que nuestro tranquilo y modesto bibliotecario albergaba un secreto en su monótona existencia.

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