28 Marzo, 2009 12:43
Llegué a Madrid una tarde de marzo
Llegué a Madrid una tarde de marzo, arrastrando mi bolsa de deporte por los corredores del metro; y de esa manera se inició la segunda parte de mi vida.
No recuerdo nada del viaje en tren. Supongo que tuve la cabeza muy ocupada con las incógnitas de ese día y de los siguientes: ¿cómo sería el trabajo?, ¿dónde viviría? Y hay que añadir: Helena no se había levantado esa mañana para despedirme, así que sin duda dediqué bastante energía a formular y reformular mis reproches contra ella. Pero, como digo, de ese viaje no me ha quedado ningún resto.
En mi primer recuerdo de esa tarde en Madrid estoy ya en el metro, llegando desde la estación del tren hasta el centro de la ciudad. Puedo verme en la escalera mecánica que sube hacia la calle en metro Sol, haciendo equilibrios, algo torpe con la enorme bolsa azul en bandolera.

Subo por la escalera mecánica en ese primer momento de mi llegada, a punto ya de salir a la calle en la Puerta del Sol; y todo lo anterior del viaje se ha borrado, como si esa tarde de marzo saliera yo de la nada hacia las concurridas calles, haciendo equilibrios con mi bolsa de deporte al hombro, captando con urgencia todo a mi alrededor, sin antecedentes, desconectado de mi pasado. Pero no había cortado el hilo del todo, y mi pasado era Helena.
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12 Marzo, 2009 23:26
'Watchmen' (Z. Snyder): Variaciones sobre el individualismo
Como tributo a mi juventud comiquera corro -con Raúl Cazorla- a ver la película Watchmen (Zack Snyder), basada en la novela gráfica del mismo nombre, aparecida a finales de los años ochenta y firmada por el excelente guionista Alan Moore.
La película
La adaptación del cómic a su versión cinematográfica me ha parecido más que correcta. El tono general es el mismo; la ambientación, los escenarios y objetos... totalmente logrados; los actores sorprendentemente parecidos a los originales dibujados por Gibbons... Incluso determinados episodios como el nacimiento del Dr. Manhattan, o las escenas en Marte, que se diría casi imposibles de reproducir en imágenes están absolutamente conseguidos. A pesar de la duración (163 min.) la película se pasa en un suspiro: el ritmo es sostenido, a veces trepidante; hasta las partes poético-filosóficas (Dr. Manhattan) se integran sin dificultad. El final tiene un aceptable nivel de sorpresa y se entiende con claridad, dejando un buen sabor de boca.

Zack Snyder, el director, mostrando un cartel de Watchmen
¿La parte negativa? Hay un excesivo regodeo en la violencia intensa y detallada. Hoy en día no basta que el héroe noquee al villano: tenemos que ver a cámara lenta cómo se le saltan todos los dientes o apreciar con precisión de CSI los huesos rotos asomando por las heridas... Imagino que esa concesión a la estética imperante, junto con los efectos especiales, hace que una mayoría de espectadores quede satisfecha con el film a pesar de no entender demasiado de las sutilezas filosóficas...
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