Hay un aire azul y húmedo que desdibuja las aristas. En la luminosidad frágil del atardecer irrumpen oleadas de fotones que la retina no puede fijar y se desparraman vibrando sin su objeto. Se pintan arabescos trepidantes en esa atmósfera delicada, antes de que cierre la noche.

[Aquí la foto original y a mayor tamaño y este es el álbum El Otro Madrid]