Martes 3. He pasado un rato en el Ateneo y vuelvo a casa por el camino largo (a la deriva), a ver si veo fotos para Diversidad diacrítica (estas he sacado hasta ahora) cuando me encuentro a Eugenio Castro (Grupo surrealista de Madrid) cómodamente instalado en su balcón (no tenía ni idea de dónde vivía): elegante, fresco, relajado, leyendo un libro que imagino de poesía o de arte...
Me encantan sus macetas y ese inverosímil retoño que parece brotar directamente del suelo.

Miercoles 4. Me llama Raúl Cazorla (Radiaciones) con su habitual intensidad energética y nos reunimos en la plaza de Lavapiés para una acción del Eje de Cultura Libre y Popular y también a charlar y a tomar algo.

Allí estoy, rodeado de jóvenes alternativos (simpáticos y enrollados ellos, listas y encantadoras ellas), con mi habitual falta de convencimiento...
La acción forma parte de la Semana de lucha social 2007 y está convocada por la plataforma Rompamos el silencio. La verdad es que nadie sabe qué se hará en la acción así que la gente toca música pachanguera, se saluda y charla.
Está bien que haya gente intentando mantener viva la revuelta, o al menos su representación pública, e inventando nuevas formas de hacer, así como por ejemplo el excelente Centro de medios. Esto a pesar de mi escepticismo malsano y de cierto aire de 'festival lúdico de la protesta organizada' que tiene la cosa.
Lo importante es que se mantenga vivo un discurso, una forma de sentir y de hablar de las cosas. Que vuelva a haber en cada generación descontentos y rebeldes y no pueda cerrarse del todo el 'pensamiento único'.
En un momento dado, unos elementos que parecen miembros de la organización van conduciendo a la gente hacia el metro... ¿A dónde vamos? Nadie lo sabe, pero tenemos que montar e ir a donde sea.
Esto de la excursión sorpresa es ya demasiado para mí y decido hacer mutis por el foro, entre los gritos irónicos de Raúl. Luego me entero (aquí está el relato completo con fotos) de que han tenido que divertirse durante horas a golpe de tambor, ja ja.
4 Comentarios a "Idas y venidas por Lavapiés"
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Te envidio toda esa actividad cultural, Hernán. Me gustaría no tener tantos límites, :) Un saludo.
Está lloviendo.
Cuando vivía en Madrid observé que había mucha gente intentando hacer "algo alternativo". Pero la ciudad es como un puño cerrado (una aplastante dictadura de los grandes medios) y las alternativas sólo existen fuera. Es una cuestión política, pues existe una férrea voluntad de unidad a toda costa, que termina perjudicando la vida social: no hay administraciones por barrios (que funcionen); no hay escalas intermedias de poder (niveles intermedios en la relación persona-estado); no hay ediciones locales de periódicos; no hay canales locales; no hay policía local (para cada zona); no hay planificación urbana local...
Yo echaba mucho en falta poder opinar sobre mil cosas... pero los medios, preocupados por la lucha por el poder, cerraban esa alternativa. Muchas veces me sentí impotente, abandonado por funcionarios saturados de trabajo, sin el apoyo de juntas de vecinos que no existen, sin poder exponer mi queja en lugar alguno, porque pegar carteles está prohibido, porque no soy Vargas Llosa y no me publican en el Páis o en el ABC...
Raquel: Viendo la cantidad y calidad de todas las cosas que haces, no se diría que tengas demasiados límites...
Gonzalo: Tienes toda la razón; el anonimato y el aislamiento pueden ser brutales. Y potenciadas por la política - economía.
Gracias, Hernán, por tan bonito elogio. No tengo mucha movilidad ni, debido a circunstancias personales, demasiadas ocasiones de participara activamente o como espectadora, de actos culturales, así que Internet, en ese sentido, es mi ventanita al mundo, ;) Besos.