Durante los primeros días de este año, en Logroño, tuve la ocasión de entrar en contacto con la obra de Jan Svankmajer; el autor surrealista vivo más importante, según dicen. Y la verdad es que su trabajo produce un cierto choque que ya no estamos acostumbrados a sentir ante una obra de arte.

Fachada de la exposición de Svankmajer en Logroño (Actual 07)


Avisado por Julián Lacalle (pepitas de calabaza) descubrí, y pronto me hice asiduo, de la exposición montada por Eugenio Castro dentro del festival Actual: una pequeña pero impactante muestra de las obras del checo y la proyección continua de sus cortos de animación. También tuve ocasión de ver alguno de sus largometrajes en pantalla grande.


“...su obra se ha nutrido de un universo en el que dialogan el imaginario surrealista con su herencia de cierto manierismo, la tradición marionetística y una experimentación con el objeto que él ha bautizado con el nombre de tactilismo. En último término, toda la experimentación de Svankmajer obedece a una operación poética que transforma esas influencias en cristalizaciones del deseo.” (Catálogo de Actual 07)

Sus esculturas (las que se vieron en Logroño), construidas con huesos, cuerdas, cuernos, pelos, plumas, clavos... , producen una impresión casi física, a veces agradable, otras casi repugnante; pero que van más allá del efecto artístico / estético habitual, alterando de manera peculiar al espectador.

Sus películas son deliciosas, humorísticas... pero prontas a girar hacia la pesadilla, lo kafkiano, lo absurdo. Sobre esto, lo mejor es que veáis un ejemplo: