28 Marzo, 2009 12:43
Llegué a Madrid una tarde de marzo
Llegué a Madrid una tarde de marzo, arrastrando mi bolsa de deporte por los corredores del metro; y de esa manera se inició la segunda parte de mi vida.
No recuerdo nada del viaje en tren. Supongo que tuve la cabeza muy ocupada con las incógnitas de ese día y de los siguientes: ¿cómo sería el trabajo?, ¿dónde viviría? Y hay que añadir: Helena no se había levantado esa mañana para despedirme, así que sin duda dediqué bastante energía a formular y reformular mis reproches contra ella. Pero, como digo, de ese viaje no me ha quedado ningún resto.
En mi primer recuerdo de esa tarde en Madrid estoy ya en el metro, llegando desde la estación del tren hasta el centro de la ciudad. Puedo verme en la escalera mecánica que sube hacia la calle en metro Sol, haciendo equilibrios, algo torpe con la enorme bolsa azul en bandolera.

Subo por la escalera mecánica en ese primer momento de mi llegada, a punto ya de salir a la calle en la Puerta del Sol; y todo lo anterior del viaje se ha borrado, como si esa tarde de marzo saliera yo de la nada hacia las concurridas calles, haciendo equilibrios con mi bolsa de deporte al hombro, captando con urgencia todo a mi alrededor, sin antecedentes, desconectado de mi pasado. Pero no había cortado el hilo del todo, y mi pasado era Helena.
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26 Febrero, 2009 19:44
Despertar del dinosaurio
Cuando despertó el dinosaurio, todavía estaba allí aquel animalito improbable que se había materializado ante él, de pronto, poco antes de su siesta. El ser parecía inofensivo pero el gran Saurio le dedicó toda su milenaria fijeza. Era rosado y tembloroso, Saurio nunca había visto nada igual. ¿Sería real o acaso un subproducto de su descomunal ensoñación? Sin saber por qué, Saurio pensó: te llamaré Viernes.
Quizá a causa del interés de Saurio, el cuerpecillo de Viernes comenzó a temblar y a agitarse en lo que parecía un ataque del más vivo terror. Se tapaba la cara, lanzaba agudos chillidos, estiraba de sus diminutos cabellos...
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13 Febrero, 2009 00:28
Derrotado por una palabra
Ateneo de Madrid, 23 de agosto...
Hoy ha muerto el socio bibliotecario de esta Docta Casa. La asistenta lo ha encontrado esta mañana en su cama, ya sin vida. La noticia me ha causado una honda tristeza, pues este hombre callado y sencillo se ha ocupado de nuestra biblioteca durante los ultimos cuarenta años con una dedicación incansable.

Quién no lo recuerda, con su guardapolvos gris, siempre subido a las estanterías más altas y rebuscando entre los viejos volúmenes... Y sin embargo pocos socios saben -y yo soy uno de esos pocos- que nuestro tranquilo y modesto bibliotecario albergaba un secreto en su monótona existencia.
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