En el jeroglífico había un ave, pero no se podía saber si volaba o estaba clavada por un eje de luz en el cielo vacío. Durante centenares de años leí inútilmente la escritura.

Ave telépata


Hacia el fin de mis días, (...), comprendí que el ave a su vez me leía sin saber si en el roto jeroglífico la figura volaba o estaba clavada por un eje de luz en el cielo vacío.

(José Ángel Valente, Treinta y siete fragmentos, 1971)


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(Ver foto a tamaño original y album de fotos Diversidades 01)