Como tributo a mi juventud comiquera corro -con Raúl Cazorla- a ver la película Watchmen (Zack Snyder), basada en la novela gráfica del mismo nombre, aparecida a finales de los años ochenta y firmada por el excelente guionista Alan Moore.
La película
La adaptación del cómic a su versión cinematográfica me ha parecido más que correcta. El tono general es el mismo; la ambientación, los escenarios y objetos... totalmente logrados; los actores sorprendentemente parecidos a los originales dibujados por Gibbons... Incluso determinados episodios como el nacimiento del Dr. Manhattan, o las escenas en Marte, que se diría casi imposibles de reproducir en imágenes están absolutamente conseguidos. A pesar de la duración (163 min.) la película se pasa en un suspiro: el ritmo es sostenido, a veces trepidante; hasta las partes poético-filosóficas (Dr. Manhattan) se integran sin dificultad. El final tiene un aceptable nivel de sorpresa y se entiende con claridad, dejando un buen sabor de boca.

Zack Snyder, el director, mostrando un cartel de Watchmen
¿La parte negativa? Hay un excesivo regodeo en la violencia intensa y detallada. Hoy en día no basta que el héroe noquee al villano: tenemos que ver a cámara lenta cómo se le saltan todos los dientes o apreciar con precisión de CSI los huesos rotos asomando por las heridas... Imagino que esa concesión a la estética imperante, junto con los efectos especiales, hace que una mayoría de espectadores quede satisfecha con el film a pesar de no entender demasiado de las sutilezas filosóficas...
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