La acción subversiva en condiciones hostiles
¿Por qué ha fracasado siempre la revolución? ¿Podrían ser las cosas de otra manera? Llevo unos días saltando de libro en libro al compás de estos interrogantes...
Todo comenzó cuando cayó en mis manos el libro de Miguel Amorós 'Golpes y contragolpes', (pepitas de calabaza y oxígeno). Creo que el subtítulo: 'La acción subversiva en la más hostil de las condiciones' me trajo a la memoria conversaciones de hace quince años sobre los 'malos tiempos' para el inconformismo. Era la época de las campañas contra el Quinto Centenario...
El primer texto ('¿Dónde estamos?'), se inicia con el reconocimiento de que el proletariado ha sido incapaz de hacer su revolución. Según Amorós la causa de este fracaso ha sido la creencia en que para hacer la revolución bastaba con conquistarle a la burguesía los medios de producción; es decir, la confianza en que los avances industriales y tecnológicos, una vez en manos del proletariado, podrían formar parte de un mundo emancipado.
Por el contrario, según Amorós: "No se podrá ir a ningún lado si no se rompe con la concepción de la revolución como reapropiación del aparato productivo existente, ni se admite que la emancipación humana pasa por la destrucción del sistema industrial".
Y aquí viene una explicación de cómo la 'autonomía de la técnica' ha hecho del hombre servidor de la máquina. La cuestión es que la 'tecnociencia moderna' impone una organización social determinada y esto no se arregla 'mágicamente' sólo por cambiar la forma de gobierno.
Pretender esta inversión o 'transmutación alquímica' es el error que Jean-Marc Mandosio achaca tanto a los situacionistas -especialmente a Vaneigem- como al propio Marx (ver su excelente libro 'En el caldero de lo negativo', también en pepitas de calabaza).
Este error, que es el origen de la derrota histórica del proletariado, es creer que ''basta que las estructuras de producción cambien de manos, para que la naturaleza del trabajo efectuado en las fábricas se modifique cualitativamente''.
Una inversión así, que los obreros tomen el poder y 'den la vuelta a la tortilla', es factible -como se ha visto en la historia-; pero no revolucionaria -como también se ha visto... ¿Qué sería entonces lo auténticamente revolucionario?
Amorós lo plantea claramente: un "retorno a las condiciones precapitalistas, al trabajo artesano y a la fiesta, a la tradición y a los lazos comunitarios, a los ritmos vitales relajados, al derecho consuetudinario, a la economía del sustento y a la sociedad del status, en donde lo que importa no es la utilidad de uno, sino lo que se es (Cicerón)".
Creo que Mandosio ve claro al notar que la 'ilusión progresista' (una sociedad de la abundancia con una industrialización no alienante), si bien es sólo una ilusión, se presenta al menos con un cierto atractivo, tiene poder de seducción y movilización. Pero... ¿nos ilusiona realmente la perspectiva de un mundo desindustrializado (el trabajo artesano, las costumbres tradicionales, la lucha por el sustento)?
Desde luego es una idea con cierto atractivo pero ¿puede haber una movilización de la sociedad en la dirección de un retorno a la situación anterior al capitalismo?
Parece que la revolución a la que estábamos acostumbrados ha mostrado su inutilidad, mientras que aquello que sí sería un verdadero cambio no logramos verlo como deseable... A lo mejor nos hemos topado aquí con una utopía mucho más profunda e irrealizable que la utopía política, la de la ‘transmutación’ del ser humano como tal.
5 Comentarios a "La acción subversiva en condiciones hostiles"
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El cuestionamiento de la tecnología actual está muy bien porque es innegable su contribución a la alienación humana en todo sentido, y no sólo en el trabajo.
Pero si la crítica es a la tecnología en sí, independientemente de las condiciones históricas en que esta tecnología fue creada y es implementada, me parece que esto es una manera de simplificar las cosas y de no explicar nada.
Hoy, a más de un siglo de distancia, es muy fácil ridiculizar la idea de los revolucionarios del siglo XIX y del movimiento obrero de esa época de que con el solo cambio de manos del aparato productivo creado por el capitalismo podíamos alcanzar el comunismo. Es muy fácil decir hoy que esto era equivocado. Pero lo que no veo que se haga frecuentemente de parte de quien comparte el enfoque "anti-tecnológico" es explicar por qué la idea que identificaba al proyecto revolucionario con el cambio de manos de la gran industria estaba en boga en ese entonces.
Y esa explicación la encontramos en que el capital, antes de subsumir completamente los procesos de trabajo en su automovimiento, los subsumió formalmente. La manufactura fue la subsunción formal por el capital de los procesos de trabajo artesanales. Pero la gran industria fue una creación original del sistema capitalista y no una simple subordinación y multiplicación de los procesos de producción anteriores.
En la subsunción formal, el capitalista asalariaba a un cierto número de artesanos que, si bien de cada uno debía entregar una cierta pieza en cierto tiempo, tenían cierta autonomía en cuanto a sus propios procesos de fabricación de esa pieza. Aplicaban en ese trabajo su arte, se realizaban a sí mismos aplicando todas las pericias aprendidas, empezando con la materia prima y entregando un producto acabado.
La subsunción real del trabajo, en cambio, implica la dictadura más profunda del capital sobre todos los procesos de trabajo; la pérdida de cualquier autonomía de los asalariados (degradados de artesanos a obreros) en cuanto a la dirección del trabajo; la reducción, mediante una gran división del trabajo, del ser humano a una máquina, un engranaje de un mecanismo más grande. El trabajo que antes era hecho por un solo artesano se dividio en etapas que pudieran ser automatizadas.
La gran industria, que revolucionó totalmente a las fuerzas productivas, con un volumen de producción varias veces mayor al de la manufactura, no contribuyó a emancipar a la humanidad del trabajo, sino todo lo contrario. En Inglaterra, implicó la incorporación a la esclavitud industrial de las mujeres y lxs niñxs proletarixs bajo condiciones de trabajo infrahumanas, desvalorizando el salario del obrero. Hasta lxs esclavxs de las plantaciones en el sur de los Estados Unidos la pasaban mejor que lxs proletarixs de Inglaterra.
En estas condiciones históricas arriba descriptas, era lógico pensar que si la producción fuera planificada en base a las necesidades de la sociedad y no en base a la extracción de plusvalía, si el caos que creaba la competencia entre las empresas capitalistas se reemplazara por la asociación de todas las empresas en base a un plan económico centralizado, la situación mejoraría enormemente, las fuerzas productivas se revolucionarían aun mucho más que bajo el capitalismo burgués, y esta abundancia haría posible la recuperación del tiempo libre para dedicarlo al libre desarrollo humano.
Esta concepción del socialismo, compartida tanto por la socialdemocracia como por el anarquismo kropotkiniano y el sindicalismo revolucionario, no es más que una socialización del capitalismo. Un capitalismo manejado por los obreros mismos en el caso anarquista o, según la socialdemocracia, por los representantes de los obreros en el Estado. Esta actitud acrítica o semicrítica de los proyectos revolucionarios del siglo XIX con respecto a la gran industria sólo puede explicarse por el contexto histórico en que surgio: el de la infancia y la juventud de la sociedad capitalista industrial y del surgimiento de un movimiento obrero que, más que revolucionario, era pre-refomista.
Lo que Amorós propone como revolucionario en las condiciones actuales (volver a las condiciones de producción pre-capitalistas) ya era el anhelo semiconsciente de lxs proletarixs de aquella época, ya que la proletarización de la población campesina y artesana había sido bastante reciente, y los recuerdos de una vida mejor antes de la gran industria seguían latentes.
El antagonismo radical del proletariado del siglo XIX con el capitalismo, que llevó a Marx a decir "el proletariado es revolucionario o no es nada", se explica justamente porque la proletarización había sido reciente y se había profundizado a niveles subhumanos. El régimen político burgués excluía al proletariado. Pero luego la economía capitalista permitio la integración del proletariado a la sociedad burguesa, y ahi termina el periodo pre-reformista y empieza el reformista: los sindicatos son legalizados, se reconoce el derecho a huelga, y los partidos obreros participan del juego parlamentario.
Hoy, desde ya hace algunas décadas, nos encontramos en la etapa decadente del sistema capitalista. El capitalismo, que ya se ha expandido a todas las regiones del globo y a todas las esferas de la vida social (incorporando a lxs asalariadxs no sólo como ciudadanxs sino como consumidorxs, adueñándose no sólo del trabajo sino del ocio), ya no tiene más lugar para expandirse y esto hace bajar la tasa de ganancia. La única alternativa que queda es el ataque a las condiciones de vida de lxs trabajadorxs. Las "conquistas" de periodos anteriores han sido superadas por la "flexibilización laboral". No hace falta abundar mucho en esto ya que es algo que cualquiera puede constatar.
Me parece crucial la superación de las viejas ideologías revolucionarias, pero desde un estudio concreto de su origen y sus fallas que no sólo describa su fracaso sino que explique por qué debían fallar. Partir de una negación -ideológica - de las ideologías revolucionarias anteriores me parece que no contribuye a su superación sino a la preparación de nuevos fracasos.
El retorno a condiciones de vida previas a la industralización capitalista también es preconizado por aquellos deseosos de que la sociedad humana se constituya de nuevo en lo que, según su fantasioso entendimiento, debieron ser pacíficos clanes de cazadores-recolectores... Ya nos recordaba Mairena que si de aquellos polvos vinimos a estos lodos, de nada serviría retornar a ellos.
No se debe confundir un profundo análisis crítico de la industrialización desde perspectivas ecológistas, ni el hecho innegable de que el modo de producción artesanal y los ritmos que implica, no sólo convertirian el trabajo alienante en alegre tarea, si no que mejorarían también la calidad de determinados productos, mejorando integralmente nuestras vidas, con un retorno, imposible por otro lado, a formas de producción previas a la industrialización: esas formas siguen vigentes hoy auí y allá y no facilitan la vida de nadie bajo el régimen de producción capitalista. Pero la cuestión no es esta, la cuestión es que efectivamente, insistimos, aún hoy vivimos bajo el modo de producción capitalista sólo bajo cuyo prisma hay que entender la industrialización; y que lo que el socialismo científico nos enseña, y huelga negar, es que sólo mediante la apropiación de los medios de producción capitalista y del aparato de estado por la clase obrera (asalariada) es posible poner en marcha un proceso revolucionario que pueda terminar con la anarquía del comercio y de la consecución de beneficios que el modo de producción capitalista genera. Básicamente se trata del proyecto ilustrado en el cual la economía será sometida a la política y no al contrario. Lo que democráticamente decida la clase trabajadora, la sociedad al margen de antagonismos de clase en verdadera igualdad libertad y fraternidad, será algo que incumbirá a todos los ciudadanos en la planificación y organización de sus necesidades. Que tal proceso, por su propia inercia, llevará a la desindustrialización de determinados ámbitos productivos y que fuera del imperio anárquico de la economía de mercado las máquinas verdaderamente serán un medio de reducción y abolición de determinados trabajos necesarios pero desagradables y pesados que todo miembro capaz de la sociedad deberá tomar a su cargo, es convicción del comunismo y por ello habrá que trabajar. Que el modelo de vida guiado por la razón y los intereses comunes nada tendrá que ver con el modelo consumista de la sociedad del espectáculo en el que el ciudadano carga con la doble tarea del trabajo y el consumo alienado para alimentar al monstruo del mercado parece evidente al sentido común, pero también habrá que trabajar por ello.
En cualquier caso, lo primero y necesario es crear las condiciones materiales de igualdad de los ciudadanos; Esto sólo es posible mediante la apropiación revolucionaria de los medios de producción industrializados - ciertas corrientes de pensamiento ecologista y libertarias tienden con facilidad a olvidar que hay toda una serie de tareas extremadamente pesadas, que los artesanos, pequeños burgueses de las ciudades, no llevaban a cabo y que son necesarias para la vida de la comunidad; la aplicación de la tecnología y la ciencia puede hacer que dichas tareas sean menos pesadas y de hecho deberían ser realizadas por TODOS los miembros capaces de la sociedad; He conocido pensadores que jamás han limpiado el inodoro que uilizan a diario...
La revolución no fracasó, de hecho fue innegable su triunfo contra todo pronóstico en distintos lugares del planeta: hasta el punto de que el capitalismo hubo de volverse reformista para contrarrestar su irrefrenable impulso. El socialismo, no fracasó, fue derrotado. Históricamente, sólo se ha gestionado un socialismo de guerra, un socialismo que no pudo pasar del estado de excepción; Aún así los logros del socialismo para la humanidad fueron enormes; los logros que justamente el capitalismo posmoderno globalizado trata a ritmos forzados de desmontar. Hoy, de manera distinta, estos procesos revolucionarios siguen dándose en distintos lugares del planeta, y nuestra tarea es apoyarlos - con frecuencia es mejor perderse en disquisiciones utópicas que aceptar la realidad de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador... Lo que la sociedad futura sea, libre de la esclavitud del beneficio y la propiedad privada de los medios sociales de producción, tendrá que decidirlo esa sociedad misma; nuestra tarea es crear las condiciones meteriales necesarias para ello.
Volver a los tiempos del precapitalismo se me antoja prácticamente imposible. Yo me considero seguidor de la revolución, no sé exactamente en qué medida, pero lo soy. Lo único que sé es que algo de este sistema no funciona, y que hay que cambiarlo. Vivimos en un mundo cínico hasta el extremo, donde pocos tienen mucho y muchos tienen nada, y eso no es justo.
Con razón me dicen que soy utópico, porque nada cambiará mientras el mundo se mueva por interés. El caso es que es necesario tener una utopía que seguir, algo que te haga luchar por mejorar lo que no te gusta.
Saludos.
nando estoy pero totalemnte acuerdo contigo,mientra el mundo se mueva por el interese no se cabiara nada, cada vez capitalista son mas fuerte y los pobre con un sueldo mediocre que os cuesta llegar a mitad del mes , ya no te digo el fin de mes,
saludos amigo
no puedo creer como acabo de perder mi tiempo leyendo esto.. regresar al feudalismo? jajaja a ver quien se apunta? amoros, hernan.. y quien mas?
la revolucion del obrero no ha fracasado.. cada vez esta mas cerca.. y es inevitable