Baader-Meinhof: Hablan las pistolas
Al cumplirse 30 años del ‘Otoño alemán’ recordamos a la banda Baader-Meinhof con la sensación de vértigo que suelen producirnos aquellos que no se resignaron a las grandes derrotas post-68; aquellos que llegaron hasta el borde del abismo y dieron el salto. Los Baader-Meinhof (y otros) cometieron el error que nosotros no nos atrevimos a cometer. Ahora sabemos que hubiera sido un error, pero entonces simplemente no nos atrevimos...

Sorprende el odio. En esta época en que hemos acabado por aceptar el capitalismo y el imperialismo como males menores (o incluso bienes), sorprende antes de nada el odio absoluto, sin paliativos, la negatividad despiadada en el análisis del sistema: La Alemania del ‘milagro’ no oculta la raíz fascista del la ‘generación de Auswitz’, el rechazo frontal al consumismo (enternecedor considerando los niveles de consumo de los 70...), antiamericanismo radical –Vietnam- , la metáfora de los ‘cerdos engordados para el matadero’ para expresar la vida bajo el capitalismo...
Frente a esto –pese a la retórica comunistoide- persiste una negatividad integral, férrea. Cuando la banda incendia un comercio, Ulrike Meinhof escribe: “Una razón contra el incendio de los grandes almacenes es que este golpe al capitalismo no hundirá al capitalismo. Todos los daños serán pagados por la compañía de seguros. El aspecto progresivo de esto no se encuentra en la destrucción material, sino en el acto criminal, en el quebrantamiento de la ley.”
Producto de una época. Desde un punto de vista social, cabe pensar que en esa época de protesta generalizada, siempre habrá unas cuantas personalidades extremas, patológicas quizá, que den el salto a la máxima radicalidad: Se dice que una operación neurológica que sufrió Ulrike Meinhof le produjo alteraciones que la llevaron a ser una ‘radical left psychokiller’; Andreas Baader era un delincuente juvenil descontrolado; Gudrun Ensslin era hija de un pastor muy estricto, parece que descendiente de Hegel (¡muy apropiado!). Hay que recordar que por entonces uno de cada cinco alemanes tenía alguna simpatía por la banda Baader-Meinhof y las posiciones que defendía...
Coherencia extrema. En una época en que vendemos hasta nuestras opiniones más moderadas a cambio del plato de lentejas de un trabajo estable, mínimas comodidades standard, un televisor de plasma... causa una impresión extraña la coherencia extrema entre las ideas -y el odio que las anima-, y la dedicación de una vida a luchar por ellas. La renuncia a una posición pública, carreras, hijos; la renuncia incluso a una vida normal para lanzarse a una clandestinidad bastante siniestra que solo puede terminar entre rejas o en el ataúd...
Hay un resorte en la psicología de esas personas que se nos escapa: nos ha sido amputado o está recubierto por capas de complejos y miedo. Quizá sea mejor así (es otro tema), pero lo cierto es que difícilmente podemos decidir nuestra vida con ese desparpajo y esa libertad extraña, nosotros –atados a nuestro pequeño molino por una maraña de ligaduras sociales y mentales...
Desparpajo. Hay una alegría estremecedora y una desinhibición mareante tanto en los buenos días como en las proximidades de la muerte:
Andreas y Gudrun corriendo de la mano por las secciones de los grandes almacenes, revolcándose en las camas de la mueblería, antes de poner la bomba incendiaria; más tarde todos burlándose desenfadadamente del tribunal que los juzga; Gudrun liberando a tiros a Andreas con la complicidad de Ulrike, conocida periodista que finge realizar una entrevista al prisionero (¡y acto seguido pasa a la clandestinidad con ellos!); los miembros de la banda expulsados del campo de entrenamiento palestino por su indisciplina (¡las chicas tomaban el sol en topless, etc., con el consiguiente escándalo de los serios islamistas!!); Baader diciendo que Sartre ‘era demasiado viejo’ cuando éste lo visitó en la carcel (comparar con la visita al Ché) ...
El mismo desenfado casi insultante está también en las proximidades de la muerte: la bomba, el tiroteo, el ataque a la base militar norteamericana, a la prensa derechista, a los bancos y empresarios... También la huelga de hambre (hasta la muerte en algunos casos), en las críticas y disensiones internas tremendas, en los suicidios –si es que lo fueron- ...
Tanto el análisis idealista, como el odio, la coherencia extrema, la violencia (interesa aquí ver la posición del primer Savater sobre el tema), la despreocupación por las consecuencias... todo ello es sin duda un error. Pero también es una capacidad de lanzarse al vacío que nosotros hemos perdido, o que nunca tuvimos.
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Ver aquí una pequeña historia de la banda en Wikipedia (español)
Fracción del Ejército Rojo
En esta página de rebeldemule.org (nodo50) hay una recopilación de videos y películas sobre la banda, incluso con direcciones de descarga
Baader-Meinhof
Una página extremadamente completa sobre la banda (inglés)
Baader-meinhof.com
2 Comentarios a "Baader-Meinhof: Hablan las pistolas"
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Buen tema sobre el que pasamos de puntillas en estos tiempos nuestros. Parecen olvidados aquellos apoyos, simpatías hacia sus acciones y justificaciones. O sencillamente la historia de estos grupos
El tiempo ha pasado, sólo se me ocurre decir, pero sabemos que ha pasado mucho más: una apisonadora sobre el pensamiento crítico que nos impide definir posturas, las nuestras propias, sin enredarnos en balbuceos. Al menos a mí me sucede.
Ves? ni chicha, ni limoná mi comentario.
Jaja, quiza... sin embargo has tocado el núcleo del problema: algo 'nos pide definir posturas, las nuestras propias, sin enredarnos en balbuceos'; ahí está la chicha...